Felipe Carrillo Puerto

1er. Gobierno Socialista en México

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Felipe Carrillo Puerto..

Publicamos la siguiente Nota para Conmemorar el natalicio del  apóstol del socialismo en Yucatán, el Cristo rojo de los indios mayas, el apóstol de la raza de bronce, nacido un 8 de noviembre de 1872, en Motul, Yucatán.

Por José Ingenieros**

**(Nota: José Ingenieros era un pensador muy admirado por los políticos e intelectuales más avanzados de nuestro hemisferio y de nuestro país, ya que sus ideas les permitían aclarar no pocos aspectos y cuestiones de los desafíos que enfrentaban en sus respectivos países. En los años turbulentos que siguieron a la Revolución de 1910, Felipe Carrillo Puerto —que habría de convertirse en gobernador de Yucatán en 1921— sostuvo una amplia relación epistolar con el autor de El Hombre Mediocre, quien en todo momento reconoció la nobleza y los alcances del proyecto de aquél. En este lugar publicaremos unos fragmentos del ensayo “En memoria de Felipe Carrillo”, publicado por Ingenieros en homenaje a quien consideró el primer apóstol del socialismo en América Latina).

Sencillamente, sin filosofía y sin literatura, como lo habría deseado Felipe Carrillo, apóstol y mártir de la justicia social, quiero asociar mi nombre a la memoria del que fue gobernador constitucional del estado de Yucatán y primer mandatario socialista llevado al poder por un pueblo de nuestra América Latina. Su misma humildad me impone el deber de este homenaje, pues si tuve la dicha de ser su amigo y confidente epistolar en horas de noble inquietud para él, justo es que ahora arrime una piedra para el monumento que en breve le erigirá –no lo dudo- el pueblo entero de México. Es una fatalidad demasiado humana que todos los apóstoles de algún ideal sean fusilados por sus contemporáneos, cuando por el plomo o el puñal, por la maledicencia o la calumnia; y es su justa recompensa la gloria póstuma, que a veces tarda, pero siempre llega, cuando el recuerdo de las virtudes se sobrepone al rencor de los que por ellas se sintieron más heridos (…)

A principios del año 1921 recibí de México una carta de firma desconocida. Entre tantas, éstas me llamó particularmente la atención por su fervoroso idealismo y por la sencillez simpática de sus conceptos; era de un hombre bueno y soñador, apasionado por la justicia social, militante en las filas avanzadas de la Revolución Mexicana, que en esos momentos adquiría un contenido renovador con el gobierno del general Obregón. Su autor había leído, en diarios de México, algunos escritos míos (…) Le contesté sin demora, en términos cordiales, encareciéndole me favoreciese con informaciones amplias sobre el contenido social de la Revolución Mexicana. Así quedó establecida mi amistad epistolar con Felipe Carrillo Puerto, mucho antes de que la política lo elevara al cargo de gobernador del estado de Yucatán(…) Con una simplicidad digna de los primeros apóstoles cristianos hablaba Carrillo, en sus cartas, de política social; tenía la visión clara de los males y de los remedios, adecuada al campo de experiencia que el destino podía poner a su alcance en un momento dado (…).

Releyendo las cartas de Carrillo(…) se llega a la conclusión forzosa de que su labor representa el primer ensayo de gobierno socialista en la América Latina (…) Por mi parte, requerido mi consejo por Carrillo, recuerdo haberle recomendado que, aun manteniendo la más completa solidaridad moral con la Revolución rusa, no convenía adherir a la Tercera Internacional ni ligarse al Partido Comunista, aunque descartando toda vinculación con la Segunda Internacional y con los socialistas amarillos que servían a los intereses de las potencias aliadas, esencialmente reaccionarios en esa época(…).

Desde el primer momento gozó del más alto concepto moral en todo México. Excelentes referencias de su gobierno me dio José Vasconcelos, en su breve estancia de 1922 en Buenos Aires(…) Debo aclarar, sin ambages, que mi amistad con Carrillo fue un factor decisivo de los conceptos de simpatía política por la Revolución Mexicana, enunciados en mi discurso al ofrecer a Vasconcelos el banquete de los intelectuales argentinos, auspiciado por la revista Nosotros. Si en algo estimaron los mexicanos mis palabras, sepan que fue Carrillo uno de sus involuntarios inspiradores (…).

Carrillo, como toda la izquierda de los mexicanos solidarios con el presidente Obregón, era partidario de la candidatura presidencial del general Plutarco Elías Calles, cuya popularidad entre el pueblo trabajador era inmensa. El triunfo de su candidatura se descontaba por una mayoría enorme, abrumadora (…)Adolfo de la Huerta, agente financiero en continuo trato con los yanquis y ministro de hacienda de Obregón, fue el personaje escogido por los conservadores mexicanos para obstruir la candidatura de Calles(…) Al verse desamparado por su propio partido, que prefería sin disputa a Calles, se lanzó De la Huerta a la guerra civil, contando con el apoyo de todos los elementos conserva-dores que estaban afligidos por las tendencias laboristas de Obregón. ¡La guerra civil! Todos los pueblos de la América Latina han conocido sus horrores y saben que hay siempre una multitud de caciques descontentos que la desean, para medrar mejor. En México fue terrible esta vez, como otras. El cuartel general de De la Huerta estaba en Veracruz. La península de Yucatán, casi separada del centro mexicano por su posición geográfica, permanecía ajena a la guerra civil, aunque el gobierno de Felipe Carrillo estaba con Obregón. Un día las fuerzas nacionales con residencia en Mérida recibieron orden de marchar sobre las fuerzas huertistas.

Salieron en tren y al poco andar se produjo una sublevación, fue apresado el jefe y las fuerzas volvieron sobre Mérida para ocuparla en nombre de De la Huerta, el 13 de diciembre de 1923. Fue cuestión de horas, de momentos, Carrillo y sus amigos, sin fuerza armada que pudiera servir a su defensa, desde que la sublevada era la propia, abandonaron la ciudad. Cruzaron muchas leguas; al fin fueron alcanzados y el gobernador volvió a Mérida prisionero, alojándosele en la cárcel (…) El 2 de enero, con pretextos fútiles, el coronel Ricárdez Broca dispuso un simulacro de consejo de guerra contra Felipe Carrillo, sus hermanos Benjamín, Wilfredo y Edesio, el presidente municipal licenciado Manuel Berzunza y otros detenidos, todos civiles. En pocas horas se tramitó la innoble farsa y el 3 de enero, al amanecer, Carrillo y sus compañeros fueron fusilados frente al muro del cementerio de Mérida, que guarda los restos del poeta argentino Martín Goycochea Menéndez, honrados por un hermoso monumento erigido a su memoria por los intelectuales yucatecos. Cuando el telégrafo anunció, en tres líneas, que el gobernador de Yucatán había sido fusilado por los reaccionarios huertistas, mi primera impresión de congoja fue atenuada por la incredulidad(…) ¿Cómo es posible, me decía, que se mande fusilar a un prisionero civil inerme, que está en la imposibilidad de constituir un peligro para un gobierno militar de hecho? Se puede fusilar a quien conspira o se alza a mano armada contra una autoridad; pero así, a sangre fría, sacar de su celda a un hombre cuyo único delito es haber sido gobernador y mandarlo fusilar parodiando en pocas horas la ceremonia de un consejo de guerra, no podía ser, era absurdo.¡No era absurdo! En la prensa de Yucatán leímos la confirmación de lo que parecía imposible(…).

Con estas páginas de evocación, escritas sencillamente, como él las hubiera deseado, quiero señalar a la nueva generación de la América Latina esta figura de precursor humilde, más digna de recuerdo continental que muchos políticos cuya personalidad se encumbra sobre la tiranía política, la guerra civil o la injusticia social. Miro como un honor el asociar mi nombre a los homenajes que el pueblo de Yucatán tributa ya a la memoria de su apóstol y mártir. Cuando ahí se erija su monumento (…).

* Publicado en Nosotros, junio de 1924, y reproducido por el Boletín de la Universidad Nacional del Sureste, México, agosto de 1924, T. iv, núm. 3.

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